La poesía no consuela, sino
que incomoda. La reflexión de Susana Thenon es adecuada para este libro de
Revagliatti. El autor logra hacernos salir del lugar cómodo al trabajar con un
estilo que le escapa a las estructuras tradicionales. Me recuerda a esos
escultores que trabajan con materiales que otros descartarían.
No pretendamos encontrar metáforas
tradicionales, sino cierto desparpajo que punza al lector al torcer los lugares
comunes. Lo que queda es un señalamiento a que miremos allí, donde parecía no
haber nada. En estos poemas siempre pasan cosas, a veces son breves como
explosiones que nos lanza para estar alertas.
Los poemas también son sometidos a la
explosión: el autor transforma la transgresión en un lenguaje que se tuerce, se
quiebra y se descompone. Predomina la parodia que utiliza sin perder la
profundidad y el dramatismo. Esto no nos despierta una sonrisa de soslayo sino
un rictus amargo.
Recuerdo la frase “Lo más profundo que hay en el hombre es la piel”, palabras de Paul Valery luego retomadas por Jacques Derrida. Lo cual me lleva a los cuerpos, ya que hay un matiz sadiano que sobrevuela: el cuerpo se doblega ante lo que viene, sumiso y por lo tanto rencoroso.
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