lunes, 5 de octubre de 2026

La palabra amenazada

 Gabriel Saldivia



Nada saben de casas para quedarse allí, ensimismadas. Nada saben de fáciles frases ni de encierros en párrafos de vacuas definiciones. El viaje se hace su única morada de voces siempre renovadas. Las palabras están hechas de vidas que cambian y se hacen indóciles en el asombro mismo de su irreverencia. Ellas cuentan historias aún no develadas. No tienen asideros en cómodas gramáticas de pasiones muertas. Hasta la muerte habla en conjugaciones de sueños que devienen en imágenes trasmutadas cuando callan y dicen adiós en puertos de invocaciones. A veces, se alejan en brumosas balsas de insólitos silencios y se unen en la miel y la sal de sus orígenes. Tienen en sus enjambres abejas de sílabas, que unen segmentos de sensaciones deliberadamente olvidadas: trazos de rostros en retratos que ya pocos recuerdan; cartas inéditas escritas en papeles de anónimos destinatarios; poemas que esperan ser escritos en libretas de íntimas confesiones; historias de poblados silenciados en el mapa de los desterrados; plegarias desoídas ante el altar de la abuela que aún reza calladas oraciones. Oraciones que sólo escuchan santos atraídos por las abejas de la fe. Polen de palabras en la miel del aliento que nombra, dice y desdice, a veces, sin aciertos posibles, lo que vive en nosotros, los reacios a ser guardados en diccionarios de fosilizadas semánticas. También nosotros, como las palabras, nada sabemos de casas, para quedarnos allí, cómodamente ensimismados. La palabra recuerda, nombra y dice. Descubre caras ocultas en nieblas de tiempos remotos. Dice lo que permanece en el silencio inalterable de algún tiempo vivido. Cada palabra escrita o pronunciada en el instante que ya no vuelve, se hace huella inalterable, epitafio en el mármol que el roce sutil de la brisa revela a los ojos de algún viajero, otros parajes de la conciencia atenta y en vigilia. El encuentro se hace inevitable: la palabra cruza puentes hacia orillas desconocidas.

sábado, 3 de octubre de 2026

Grafías de papel

 

Carmen Pardo Salgado

 


«Escribir es defender la soledad en que se está; es una acción que solo brota desde un aislamiento efectivo, pero desde un aislamiento comunicable.» De este modo inicia el conocido texto de María Zambrano, «Por qué se escribe», publicado en 1934. El título no contiene signos de interrogación, pues se trata, de hecho, de un texto afirmativo. La autora des grana el resultado de una interrogación previa que ha sido practicada en la defensa de su soledad.

Para el lector, el inicio de ese texto ha pasado a ser el comienzo de este pequeño escrito que se va componiendo en otra soledad. La defensa de la soledad en estos tiempos no tiene los mismos contornos ni tampoco igual espesor que en 1934, pero su protección sigue siendo el requisito imprescindible para que la escritura sea posible.

jueves, 10 de septiembre de 2026

Transcripción

 

Gerardo Herrera Corral


Para los teólogos españoles de antaño entender la «transmutación» era muy importante. En el libro Sueños misteriosos de la escritura en discursos sagrados, políticos, y morales, publicado en 1687 por Pedro Rodríguez de Monforte, capitán real y oficial de las juntas secretas de la Inquisición, decía que hay cuatro tipos de transformación:

La falsa que solo parece haber ocurrido sin que realmente suceda, la natural —como el nacimiento de los sátiros, esas criaturas perversas, híbridos de cabra y humano—, las sobrenaturales como cuando los hombres se convierten en bestias, y la mutación verdadera forjada por la divinidad sobre la substancia y esencia de las cosas.

domingo, 6 de septiembre de 2026

De cromitas, superficies y susurros

 

Rocío Cerón



Hay lugares a los cuales volvemos como si nunca nos hubiésemos ido. Hay lugares que son profundamente cercanos sin haberlos visitado jamás. Hay espacios que nos son íntimos, cutáneos, aunque su superficie sea tan extensa que la mirada podría perderse en ellos. Lugares y habitantes. Objetos y laderas. Detalles. La caída del rayo de luz sobre un prado ocre, la forma en que reposan angulosamente los nudillos de la mano de una mujer sumida en sus recuerdos. Lo que se mira, y se escucha, más allá de los ojos y de los oídos. Ese susurro, río o fuga subterránea donde anida algo, donde se gesta el recuerdo y el asombro. Ese entre: pliegue donde lo nimio aparente se despliega. Esa música: ráfagas de imágenes que transitan entre viajes de cromatismo fulminante y estallidos, lo espectral, la nebulosa, los claroscuros, lo rutinario, lo habitual. Ese punto exacto donde el aguijón, donde las notas de luz, donde el espejo es el preludio, los contornos, el horizonte y las lenguas que se extienden hacia todas direcciones. Y desde ahí. Desde ahí emerger, con ojos, oídos, tacto que se cuestionan lo que hay o lo que no hay, pero persiste.

lunes, 24 de agosto de 2026

La tarea del narrador

 

Gabriel Jiménez Emán



Si uno se asoma a una ventana para mirar a la calle en un momento corriente, la vida no es de ningún modo sucesiva, sólo se ven fragmentos de ella. No existe a primera vista una causalidad en los movimientos de las personas como no sean los que corresponden a la necesidad inmediata de ir, venir, salir o entrar, acostarse o levantarse. Los sonidos sólo son signos a distancia, y los desplazamientos del aire o la luz sólo sirven para revelarnos un aspecto puramente físico de la vida, un síntoma aparente de cuanto sucede. En cambio, si escuchamos lo que la gente dice o expresa comenzamos a percatarnos de que sus movimientos obedecen a una necesidad más profunda: la de comunicarse. Este hecho simple puede muy bien servir para iniciar el acto de cumplir una necesidad elemental, o bien puede ser un paso para afianzar algo que existe o vendrá, y puede contener en sí otros fragmentos que a su vez harán posible algo llamado cuento o historia.

miércoles, 19 de agosto de 2026

De una biblioteca a otra

 

Antonio Muñoz Molina

 


Una biblioteca pública no es sólo un lugar para el conocimiento y el disfrute de los libros: también es uno de los espacios cardinales de la ciudadanía. Es en la biblioteca pública donde el libro manifiesta con plenitud su capacidad de multiplicarse en tantas voces como lectores tengan sus páginas; donde se ve más claro que escribir y leer, dos actos solitarios, lo incluyen a uno sin embargo en una fraternidad que se basa en lo más verdadero y lo más íntimo que hay en cada uno de nosotros y que no tiene límites en el espacio ni en el tiempo. La lectura, los libros, empezaron siendo privilegio de unos pocos, herramientas de poder y de control de las conciencias. La imprenta, al permitir de pronto la multiplicación casi ilimitada de lo que antes era único y difícil de copiar, hizo estallar desde dentro la ciudadela hermética de las palabras escritas, alentando una revolución que empezó por reconocer en cada uno el derecho soberano a leer la Biblia en su propia lengua y en la intimidad de su casa, sin la mediación autoritaria de una jerarquía. Gentes que leían libros albergaron ideas inusitadas: que el mérito y el talento personal y no el origen distinguían a los seres humanos; que todos por igual tenían derecho a la instrucción, a la libertad y a la justicia.

viernes, 14 de agosto de 2026

Viajar. Leer

 

Carlos Silveyra

 

 


Texto de la ponencia presentada por el autor en la mesa redonda "Los viajes en los libros de la literatura infantil y juvenil", realizada dentro del marco de las Jornadas para Docentes y Bibliotecarios "De viajes y viajeros, a bordo de los libros" en la 14ª Feria del Libro Infantil y Juvenil (Buenos Aires, julio de 2003).

Cuando viajamos leemos el mundo que está fuera del espacio cotidiano. Cuando leemos viajamos sin movernos del lugar. Viajamos en libro, como decía un eslogan. Y leemos el mundo, como señaló Paulo Freire.

Leer y viajar son dos verbos que están estrechamente vinculados. Por lo menos para mí. Tuve una infancia donde algunos libros me permitieron evadirme de una dura realidad. Evasión con el sentido, tan usual hoy, de recreación pasajera, de abandono momentáneo, efímero, de situaciones desagradables, tal vez hasta para no enfrentar un estado de cosas asfixiantes, oprobiosas. Pero evasión, también, es el acto de aquel prisionero que, a fuerza de ingenio y paciencia, logra dejar atrás el represivo mundo de la celda y concreta su sueño de libertad.