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sábado, 31 de agosto de 2019

La magia del adjetivo


Leandro Arellano


Además de divertida, una historia universal del adjetivo sería muy provechosa: rastrear su formación y desarrollo en distintas lenguas y conocer su representación en distintos signos y caracteres, a sabiendas de que se halla entre los vocablos prescindibles o relativos. En toda lengua “mesa” representa y significa mesa, pero si decimos que es barroca o infame, hollamos un terreno menos firme. Ocurre que la definición del adjetivo comienza a partir de su relación con el sustantivo; su existencia es intangible sin este.

Mediante la lengua creamos el universo y sus realidades. Es ella el vehículo por el que nos representamos el mundo. La palabra ejerce y facilita las funciones del espíritu. Previamente al señalamiento de sus características, nuestros antepasados bautizaron los objetos, crearon las palabras con que se expresan los estados y acciones de los seres. Desde los orígenes, el sustantivo precede al adjetivo. El mar fue mar antes de ser, en adición, pacífico o aborrascado, renegado o fidelísimo.