Gabriel Jiménez Emán
Si uno se asoma a una ventana para mirar a la calle en un momento corriente, la vida no es de ningún modo sucesiva, sólo se ven fragmentos de ella. No existe a primera vista una causalidad en los movimientos de las personas como no sean los que corresponden a la necesidad inmediata de ir, venir, salir o entrar, acostarse o levantarse. Los sonidos sólo son signos a distancia, y los desplazamientos del aire o la luz sólo sirven para revelarnos un aspecto puramente físico de la vida, un síntoma aparente de cuanto sucede. En cambio, si escuchamos lo que la gente dice o expresa comenzamos a percatarnos de que sus movimientos obedecen a una necesidad más profunda: la de comunicarse. Este hecho simple puede muy bien servir para iniciar el acto de cumplir una necesidad elemental, o bien puede ser un paso para afianzar algo que existe o vendrá, y puede contener en sí otros fragmentos que a su vez harán posible algo llamado cuento o historia.
