lunes, 12 de octubre de 2026

Siri Hustvedt: la mujer que ha dejado de temblar

 

Adrián Marcelo Ferrero

 


La primera noticia que tuve de la escritora Siri Hustvedt fue alrededor de 2012 o 2013, cuando llegó a librerías argentinas, su ensayo La mujer temblorosa o la historia de mis nervios (2010). En este libro multidisciplinario, la autora, con valentía afrontaba sin concesiones una afección o patología neurológica que padecía, por la que había tenido que permanecer internada incluso en el pabellón de neurología del Hospital Mount Sinaí de NY, ciudad en la que reside, en una estancia que recordaba como una pesadilla. El libro es apasionante por donde se lo mire. Alterna lo autobiográfico con lo científico (concretamente las neurociencias), sus novelas y comienza con unos temblores descontrolados que a partir de 2006 la aquejaban toda vez que hablaba en público o que se colocaba en una situación de exposición pública. La primera vez se le reveló en un homenaje a su padre, que había fallecido y en la Universidad en la que trabajaba habían plantado un árbol con su nombre como insignia. Ella era la depositaria de proseguir una tradición universitaria que abrazó con pasión y que en ese momento se volvió particularmente significativa.

Luego de sucesivos ataques de temblores, por ese motivo comenzó a realizar un largo recorrido por neurólogos, psiquiatras, psicólogos y psicoanalistas. Hasta que lograron finalmente, luego de un largo proceso, dar con la droga que más se parecía a una solución. Una droga que atenuaba o evitaba sus temblores en eventos públicos. Lo más curioso es que a estos temblores descontrolados no les eran simultáneo la confusión mental o la pérdida del hilo de la conferencia. Ningún cambio en el habla. Su discurso se seguía desarrollando inalterable. De modo que ella se aferraba a esa droga como el recurso de salvación al problema que la aquejaba. El libro sigue su derrotero por investigaciones con expertos, con los que investiga acerca del tema en eventos científicos, expone en congresos, se documenta, estudia, profundiza en abordajes sobre el cerebro humano, en fin, realiza una especialización. Y se convierte en una estudiosa en esta materia. Paralelamente prosigue una exitosa carrera como novelista. Como experta en análisis de obras de artes plásticas también continuó trabajando. En fin, una mujer con varias e interesantes aristas en particular en la vertiente de la crítica. Pero también como creadora de obras de ficción. Luego de haber leído ese libro vinieron otros dos, pero llegarían bastante más tarde.

La segunda noticia que tuve de Siri Hutvedt, fue en una gacetilla de difusión de una olvidable revista supuestamente literaria y supuestamente prestigiosa, que sistemáticamente cambiaba los títulos de las notas que yo les enviaba, sin siquiera consultarme, diciéndome, cuando me quejé, que “eso va a seguir ocurriendo”, con lo cual no di un portazo, porque tengo modales, pero di por terminada mi relación de trabajo con ella. En esta revista había una gacetilla que anunciaba que la escritora norteamericana había obtenido el Premio Princesa de Asturias 2019, que venía a sumarse a una larga serie de distinciones y reconocimientos recibidos. Difundí el discurso de recepción del Premio vía Facebook por considerarlo valioso. No era un discurso académico. Pero sí realizaba reivindicaciones, revisaba su historia, trazaba un recorrido de sus aspiraciones y cerraba con una reflexión profunda en torno de la escritura creativa.

 Me enteré de que Siri Hustvedt tenía un posgrado sobre Charles Dickens por Columbia University (NY), esto es, tenía formación académica en Letras además de como escritora. Había sido lectora de teoría y crítica literarias, además de literaturas extranjeras. Circunstancia que se percibe de inmediato en sus libros. Sus cavilaciones están siempre fundamentadas y también hay referencias librescas cuando realiza análisis a fondo sobre distintos temas.

Hacia alrededor de 2018 escribí un artículo para la publicación ViceVersa Magazine de NY (tan luego su propia ciudad) sobre su libro de ensayos Vivir, pensar, mirar (2012). Por esa época yo no era un novato. Me había doctorado en Letras en la Universidad Nacional de La Plata en 2014. De modo que estaba en condiciones de ejercer el pensamiento crítico con soltura. Por otra parte, venía entrenándome en realizar y escribir reseñas de libros tanto de ficción como de crítica y teoría con enfoque académico desde 1999 en revistas especializadas de distintas partes del mundo. Estaba provisto de los recursos para afrontar ese libro. Lo hice. El resultado fue un artículo extenso, no tan ponderativo como el que había escrito sobre La mujer temblorosa o la historia de mis nervios. Hacía notar toda una serie de objeciones que le formulaba a la autora en las que no tiene caso detenerme aquí. Lo que sí resulta importante es que se trata de una suma de artículos dispersos, todos heterogéneos, tanto en su formato como en sus temas. Lo que no dejó de llamar poderosamente mi atención en contrapunto con aquel primero que había leído. Esta acumulación diversa de artículos, conferencias, notas inéditas, reseñas de libros, escritos para conferencias, notas para blogs, no guardaba una unidad de tono ni de género discursivo alguno. Había otras objeciones de mi parte, fundamentalmente a su uso de la palabra “ensayo” y predicarla de un conjunto de textos argumentativos a mi juicio muy heterogéneo. El 10 de noviembre de 2021 publiqué en México, en revista Vagabunda Mx un largo artículo titulado “Matices en los ensayos de Siri Hustvedt: entre la objeción y la virtud”. Allí profundizaba mis objeciones en la libertad semántica con que definía textos de su autoría que a mi juicio eran simples notas familiares o bien textos para blogs. Para este artículo me serví de tres de sus libros de “ensayos”. Los que hasta ese momento me había sido posible conseguir traducidos.

El 1 de septiembre de 2020, antes aún, publiqué una crónica en el Semanario cultural de NY ViceVersa Magazine, en el que ataba algunos cabos respecto mi historia en diálogo con esta autora. Encuentros, confluencias, coincidencias, hallazgos. Yo me lancé a escribir toda una serie de poema ambientados en Noruega, que titulé “Porfía por Noruega” y que fue publicado en revista Vagabunda Mx, el 28 de abril de 2021. Primero fueron 4 poemas aislados. Luego la colección se amplió hasta llegar a 10. Cabe aclarar que Siri Hustvedt tiene raíces genealógicas en Noruega, su padre impartía Estudios Noruegos en la Universidad en la que investigaba. Y Hustvedt había pasado largas temporadas en ese país nórdico durante su infancia y su adolescencia.

Ya ven, no dejaba de haber una sintonía singular con esta autora que a mí me asombró. Era Dra. en Letras, era escritora, se interesaba por asuntos vinculados a la salud mental y había pasado buena parte de su vida escribiendo sobre las artes plásticas, sobre las cuales yo estaba a punto de iniciar un curso de apreciación de Historia del arte. Yo había escrito en coautoría dos libros interdisciplinarios entre fotografía y textos literarios. Y realizando trabajos también en colaboración con artistas plásticos de Argentina con trayectoria internacional. Como si todo esto fuera poco, una de las dos autoras abordadas en mi tesis doctoral, Angélica Gorodischer, había compilado una antología de la narrativa noruega, Noruega cuenta (Buenos Aires, Ediciones de la Flor,1994), de modo que todo parecía encajar en un extraño y misterioso dibujo. En 2021 leí su último libro de ensayos, La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres. Ensayos sobre feminismo, arte y ciencia (2016). El libro nuevamente prometía con ese título mucho más de lo que cumplía. Otra vez disperso, de feminismo en profundidad poco afrontaba más que pinceladas. Y más narrando anécdotas que con abordajes teóricos en profundidad. Sí había algunos trabajos sobre danza y fotografía, entre otras artes. Y, eso sí, neurociencias, psiquiatría y psicoanálisis en abundancia. Agregaría a ello: con bastante erudición. No diría que los de una experta, pero sí con conocimientos sólidos en esas disciplinas científicas.

Sin embargo, lo que podría pensarse como mera objeción, también ponía el acento (y ponía el acento de modo enfático), de modo ponderativo en varias dimensiones de los trabajos de Hustvedt. El haber afrontado un problema de salud y sin demasiadas vueltas, haberlo hecho público, haber referido sus tratamientos y sus síntomas. Narrar su proceso terapéutico. Narrar de qué modo se había involucrado con sus investigaciones en torno de él. La confesión de sus dudas y conflictos. El largo itinerario de su vida de experta en letras y estudiosa de las neurociencias aplicadas a la salud.

Para terminar de cerrar este círculo, publiqué en revista Vagabunda Mx el 23 de febrero de 2022 el texto “Arrebato: visita imaginaria a Siri Hustvedt”, en el que en un texto de ficción croniquística imaginaba un diálogo posible con la autora estadounidense a través de nuestras lenguas, una comunicación y una traducción imposible, bien mirada, pero que se volvía inmediata pese a hablar ambos cada cual su propio idioma. Este texto cerró la serie de publicaciones sobre Siri Hustvedt que realicé, hasta ese momento.

En este balance parcial de una autora originalísima, cuya obra de ficción conozco no en su totalidad (de sus novelas leí Todo cuanto amé, Elegía para un americano y Un verano sin hombres), hay nuevamente zonas de contacto. No me queda sino realizar un reconocimiento a su trabajo incansable. Ser justo. Y, sobre todo, valorar el esfuerzo denodado, tanto académico y como artístico de alguien que, proviniendo de las humanidades, como yo, nos introducimos en un universo como el de la ciencia médica relativa a la salud mental. En mi caso mediante una recapitulación y contestación terminante a la ciencia médica psiquiátrica publicando trabajos tanto en revistas especializadas como en las de cultura literaria escribiendo poemas, artículos y reseñas de libros que abordan el tema. Como un espejo y como un reflejo deformante de sus incongruencias. Y en el suyo, procediendo también a una narrativa, historizando su caso, sin dar un paso atrás frente a las "ciencias duras", que suelen descalificarnos a los escritores o expertos en Letras y literatura poco menos que por considerarnos inclinados a la disertación insustancial, el diletantismo y ser proclives a la falta de rigor. Nada que roce las investigaciones científicas de prestigio y jerarquía.

 

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