miércoles, 10 de diciembre de 2025

Para leer: Shunyata Estudios y aproximaciones del vacío y la no-poesía

 Luz del Mar Higuera




En este poemario todo está interconectado, viene de la vida misma. Superando de una manera u otra el apego a la vida terrenal.

Cae la gota

en la inmensidad

del vacío.

Así van cayendo uno a uno los versos en el poemario. Comienzan con los haikus, haciendo este homenaje a la naturaleza, a lo sencillo, pero a la vez místico que esconden las estaciones:

Otoño

Caen las flores

a lo lejos suena el

eco del viento.

Hay una relación intrínseca también con lo oriental, con aquello otro que nos construye. Va también trazando la vida del poeta, dentro de su cotidianidad. Transita, por el amor en sí mismo:

En mis pensamientos

yace oculta la montaña

[yace oculto el árbol]

en mis pensamientos todavía

            yaces oculta...

Y así nos va mostrando el no poema. Rompiendo así con la tradición de despejarse de tanto adorno en la poesía y encontrándose así con la palabra y el poeta mismo. El thanka encuentra su espacio, en lo profundo de la naturaleza y en la forma sutil en la que se manifiesta.

Le habla a Lizzie, su esposa. A la mujer que es musa, que es compañera, que es inspiración.

Entre tu venida y mi partida

habita la nada incierta

donde cuelga un beso suspendido.

 

Ese beso que nunca tocó ni tus labios

ni los míos, aumentando la distancia

entre este poema

y tú, musa mía de mirada

ausente y cómplice silencio.

El poeta hace un homenaje a la tierra, a el árbol que se mece en las palabras, con el viento.

Me oculto de la luz

como el poema se oculta

de la realidad.

Me invento este verso

que se inventa a sí mismo

que se vale del viento para

llegar a ti a través de las palabras

que van penetrando una a una en ti.

En cada latido, en cada respiro

en cada árbol palabra que yace en ti

en cada vuelo, en cada ala, en cada ave

que se funde

en la nada blanca de este pape.

Henrique nos muestra la conexión con la vida. También le escribe versos a Ramallah, a Palestina, a la deshumanización, a la tragedia. A aquello que parece lejano, pero es un dolor común que nos desgarra.

En el transitar de las líneas va cerrando el poemario acercándose al atardecer para fusionarse con la noche, alineándose con el círculo donde el origen y el fin permanentemente, parecen encontrarse.

En las calurosas noches

acostumbro a esperar a la luna

detrás de los caños.

Ella llega, me habla

de sus interminables insomnios

y sus interminables chácharas

con las estrellas

           yo le hablo

de mi amor por ella.

Y bien que lo saben sus amigas

las estrellas

nos damos un beso,

se acaba este verso

y ella vuelve a su inmenso universo.

Y yo poeta enamorado de ella, la luna

sigo mi camino hacia lo incierto.

Al final principio y fin se unen

mi claridad y mi oscuridad cesan

en un mismo punto. Vida y muerte coinciden

frente a frente mirándose una a la otra,

mis pasos terminan donde comienzan

al cerrar el gran círculo.


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