Mostrando entradas con la etiqueta Jesús Pérez Soto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jesús Pérez Soto. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de marzo de 2022

Un circo francamente asombroso

 

Tomás Jurado Zabala

 


Me he dado un gustazo leyendo El asombroso circo de míster Merard, de Jesús Pérez Soto. Es una de esas novelas que se escriben pensando en lo que pudiera agradar a los adolescentes y que, por supuesto, atrapan por igual a quienes hemos dejado atrás esa etapa, pero que seguimos evocando ese niño que llevamos por dentro y que nunca deberíamos dejar escapar.

Ciertamente, la categorización que suele hacerse de este tipo de literatura llamándola “literatura juvenil” es solo por el cuidado que debe tenerse con el uso del lenguaje y con la exposición del argumento, porque los temas son prácticamente los mismos: el amor, el miedo, la solidaridad, la guerra, la amistad, la soledad, la envidia, etc.

lunes, 26 de marzo de 2018

Si yo fuera un libro



Jesús Pérez Soto

Si yo fuera un libro, me gustaría que me regalaran un lector. Lo llevaría conmigo de la vista y lo compartiría con otros libros. Aceptaría que tuviera amigos y que me compartiera como el agua o la risa. Me encantaría que me leyeran y releyeran una y mil veces. Sería de agrado que me recomendaran y los lectores fueran corriendo por mí y en la librería me obsequiaran a quien me quisiera. Me apasionaría que dos chicos lectores se sentaran a tomarse un café y leyeran mis poemas, los que más le gustaron y conversaran animosamente, así ninguno me mire porque están embelesados: él, embrujado en sus ojos; ella, en sus torpes palabras.

No me molestaría ser motivo de una próxima cita entre enamorados o entre el joven que aspira ser escritor y su maestro. Oírlos hablar acerca de mí mientras el vino se mezcla en la sangre y el discurso de él, el maestro, se va añejando, poco a poco en su experiencia, hasta aflorar en palabras sencillas, claras y amenas y él, el aprendiz, se va embriagando lentamente, letra a letra, hasta llenarse de ensueños y ebrio de historias cae en la mesa, consumido por el lenguaje. 

domingo, 24 de enero de 2016

Mi plan de lectura

 Jesús Pérez Soto

Llevar al niño a reconocerse como mal lector es una de las fases de un plan de lectura, y para ello hay que hacer que lea en voz alta; que se escuche, que se evalúe y que dedique unos minutos a la reflexión sobre sus carencias. El modelo debería ser el maestro; si este lee con dicción y entonación, haciendo gustosa la lectura, modulando la voz cuando se amerite, imitando los sonidos si se requiere, tengamos por seguro que poco a poco se irán acostumbrando a escuchar, y en el mejor de los momentos, llegará el interés por leer, sin ser mandados.
La reflexión debe comenzar en el adulto. Es importante que el docente se forme como lector, que reconozca que no le gusta leer, que cuando lo hace es un acto obligado y siendo así, jamás podrá lograr que sus alumnos lean. Si se forma podrá formar, si no, triste por él, pero más por los estudiantes. De modo que el punto de partida es el Reconocimiento, en un acto de sinceridad,  De que soy mal lector o de que no leo.  De allí que un plan de lectura, colectivo o individual, debe iniciarse con una autoevaluación que conlleve a la reflexión sobre las carencias lectoras. La reflexión a partir de las necesidades debe dimensionar las prácticas de lectura en busca de recuperar el sentido trascendental de leer.
La preparación de los chicos como buenos oyentes se basa en saber seleccionar los textos, que deben ser divertidos, gustosos a sus oídos, que satisfagan sus inquietudes, que se acerquen a las potencialidades de su imaginación; el niño debe sentir placer al escuchar, de lo contrario no prestará atención; lo dijo Simón Rodríguez, “lo que no se hace sentir no se entiende y lo que no se entiende no interesa”, por ello se requiere de un docente minucioso, lector, que convenza cuando lea, que