jueves, 26 de mayo de 2016

Diez razones por las que leo


Jorge Ramírez Caro

Han de existir muchas razones por las que se puede leer un libro, pero yo expongo aquí diez por las que leo y seguiré leyendo literatura:

1. Cada vez que leo expreso mi condición de ser humano abierto, sensible y dispuesto a traspasar mi pequeño entorno para alimentarme con y de las luces y verdades que vienen de otros lados. Leo para no ahogarme, envenenarme o pudrirme con y en mi propia pequeña y miope percepción del mundo. La lectura enriquece mi punto de vista, me hace oír, tomar en cuenta y valorar la voz de los otros.

2. Leer es abrirse, ser receptivo, disponerse, dejarse mojar, empaparse. La lectura me hace poroso y permeable. Leer es encontrarse consigo mismo, con el mundo y con los demás. El texto es el espejo que muestra mi interioridad, los rincones de mi alma, las texturas de mis entrañas. Pero también el libro es el prisma que expresa la múltiple y compleja realidad, donde se materializan los problemas del mundo y del otro. El texto es el puente que me acerca a ese mundo de angustia y de sueños de los otros. Dando con el otro me encuentro a mí mismo y mi lugar en el mundo. Todo texto es un cruce, un lugar de encuentro.


3. Leer un texto equivale a leerse a sí mismo. El texto nos da la oportunidad de descubrirnos y reconocernos como texto escrito: él lee las líneas y las historias que nuestra experiencia vital y lectora han ido escribiendo en nuestra memoria. No sólo soy yo quien lee el texto, sino que el texto me lee a mí, edita por primera vez las páginas que el tiempo ha ido sedimentando en mi alma. Cuando leo, veo en el texto lo que me constituye como texto.

4. No sólo leo para saber y aprender más de la vida, del mundo y de los demás, sino para sentir, experimentar, crear y recrear la vida y el mundo con los sueños propios y ajenos. Leer es un proceso evocativo e invocativo, sugestivo y generador de nuevas ideas, nuevos textos: nos permite atraer y atrapar lo que nuestras experiencias vital y lectora han ido depositando en nuestro interior. La lectura es el anzuelo con que pescamos esperanza.

5. La lectura nos involucra en un proceso metamorfósico que va del lector hacia el texto y del texto hacia el lector. AI leer para imaginar y crear transformamos el texto y este nos imagina y nos crea también. Después del proceso de lectura ni yo ni el texto leído terminamos siendo los mismos que antes: ambos nos alimentamos y crecemos. El texto deposita en nosotros sus huevos de duda, esperanza, imaginación o sus fantasmas o sus sueños, y nosotros dejamos en él, las expectativas nuestras y las del entorno social, histórico y cultural al analizarlo, comentarlo y reescribirlo.

6. Toda lectura es un viaje, una salida, un éxodo, una expatriación, al tiempo que un retorno, un regreso, una repatriación, un exilio. La lectura no sólo nos remueve y conmueve, nos estremece y arranca del lugar donde solemos estar, sino que también nos arraiga y afianza, nos apuntala y sostiene en nuestros sueños y proyectos. La lectura me introduce en una corriente centrífuga y centrípeta al mismo tiempo. Gracias a este doble movimiento es posible que yo encuentre, me pierda y me encuentre, exprese y me exprese, lea y me lea, escriba y me escriba.

7. Al ser el libro la materialización de la memoria colectiva, el proceso de lectura se convierte en un viaje hacia la infancia, hacia los recuerdos, hacia los sueños antiguos y siempre nuevos del alma humana. Con la lectura suspendemos y derribamos las fronteras o cercos espaciales y temporales que la lógica racional nos impone, y nos sentimos en libertad de vivirr como seres libres y ubicuos, de aquí y de allá, de ahora, de ayer y de siempre.

8. Leo porque leer es vivir doblemente. En y por medio del proceso de lectura recuperamos nuestra íntegra condición humana: se fusionan nuestras partes afectiva, emotiva, imaginativa y creativa con la lógica, racional y supervisor. La lectura nos devuelve, nos hace descubrir y asumir las múltiples visiones, dimensiones y rostros del mundo, de la vida y del otro. Al actuar conjuntamente los dos hemisferios del cerebro podemos asumir como nuestra la tragedia, la alegría, la esperanza, la vida y los sueños del otro. No sólo vivo lo que correspondía, sino que asumo esa otra vida desplegada, avivada y mostrada por el texto que leo.

9. Leo porque de este otro lado del libro se pasea un gigante con botas de siete leguas que viene arrasando sueños y esperanzas, utopías y encuentros, diálogos y ternuras. Y porque además viene deshaciendo lazos que estrechan y unan a los pueblos humildes y sencillos y en su lugar impone la fría relación con máquinas y aparatos y nos sumerge en una soledad desolada. Gigante que reemplaza los abrazos, los besos y el contacto humano por las relaciones mediadas por una computadora, y con el sexo virtual violenta el calor y el cariño que se puede compartir y experimentar en la alcoba. Leo para no perder el norte, la luz y el camino que me conduzcan siempre al hogar, al aroma de la casa materna o paterna, al sabor de los abrazos, al cariño de los saludos, al circuló afectivo y desinteresado de los amigos.

10. Leo porque mis hijos son inocentes y tienen derecho a la ternura y a la alegría, tienen derecho a ejercer la imaginación y la creatividad, soñar y tener esperanza. Leo para leerles, porque no quiero dejarlos huérfanos de la memoria humana que también les pertenece, de esta memoria (tesoro de sueños y esperanzas son los libros) que busca y requiere de terrenos bien abonados y dispuestos donde caer para germinar, florecer y frutecer. Ellos siempre esperan que yo les lea un cuento o un poema o les cuente un chiste. No quiero que vayan a ciegas por el camino, ni que zozobren cuando se avecine la tormenta: la lectura será el aceite que mantendrá encendida la llama de estas dulces lamparitas.

¿Posees alguna razón más por la que se pueda leer y ser leído?

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