jueves, 6 de octubre de 2011

Los niños y la literatura


José Gregorio González Márquez


Niños leyendo un cuento. Raúl Canestro
Contrario a lo que piensan la mayoría de los adultos, la relación que existe entre los niños y la literatura es excelente. Desde temprana edad el niño se interesa por los textos pues estos, le permiten viajar, navegar y disfrutar de la aventura que representa la lectura. Cuando el infante se acerca a los libros deja de lado el ocio para enfrentarse a su imaginación. El proceso de la lectura le facilita iniciarse en un mundo donde los sueños y la libertad son pasajeros de su vida. La poesía y los cuentos se convierten entonces en compañeros inseparables en su existencia. Si estimulamos al niño para que lea, seguramente en el futuro su pensamiento tendrá una formación que le encaminará por los senderos de la palabra.

Son muchos los factores que inciden en el proceso de formación de los niños. La lectura ocupa un lugar preponderante pues ella proporciona la compresión que se tiene del universo que nos rodea.
Lamentablemente, los adultos siempre imponemos a los más pequeños nuestras reglas. La visión que tenemos nos lleva a tratarlos como seres incapaces de decidir lo que deben o pueden leer; nos olvidamos que su capacidad de razonar comienza a activarse y por lo tanto, pueden seleccionar las lecturas de acuerdo a sus intereses. Si un niño observa en su medio la presencia de lectores seguramente empezará a interesarse por el fabuloso mundo de la palabra. Así, el libro se transforma en su cómplice; en la vía para escaparse al macrocosmos de la imaginación; en el instrumento que le lleva a explorar la realidad circundante.

La escuela constituye un lugar natural para encaminar a los niños hacia la lectura. En ocasiones vemos con tristeza como muchos docentes utilizan este proceso para castigar o “entretener” a sus alumnos. No basta con ponerlos a copiar de los libros cualquier tema, se usa la lectura como medio punitivo inmisericorde para condenarlos a fracasar en su interacción con el lenguaje. Laura Antillano en su libro La Aventura de Leer nos dice: “Cuando el niño descubre el lenguaje, y lo posee, paulatinamente va tomando conciencia de esta situación. El lenguaje poético es su lenguaje natural, porque al percibir el mundo lo interioriza y enriquece, de la misma manera que el poeta, y el hombre primitivo, elemental, atado a la tierra y a su génesis”. En otras palabras, la necesidad de disfrutar la lengua escrita es innata en el niño.

Otro de los problemas que afrontamos es lo poco que se escribe en el área de literatura infantil; además, algunos escritores hacen uso indiscriminado de diminutivos en sus producciones pensando que la musicalidad desmedida le gusta a los niños. Es obvio que un buen texto debe tener música propia pero esto no le da patente al creador para empalagar a sus pequeños lectores.

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